Lo que creemos acerca de la salvación
I. El Evangelio y el señorío de Cristo
Creemos que el Evangelio es la buena noticia de Dios acerca de Su Hijo Jesucristo, quien vivió sin pecado, murió por nuestros pecados, resucitó corporalmente y es el único Salvador suficiente para todo pecador. Por medio del Evangelio, Dios anuncia el camino verdadero de reconciliación con Él, de modo que toda persona que cree en Jesucristo recibe el perdón de pecados, la vida eterna y la plena salvación por gracia.
Creemos también que Jesucristo es Señor, y que la fe salvadora conduce al creyente a vivir bajo Su autoridad. Sin embargo, afirmamos que la obediencia cristiana no es mérito, base ni condición instrumental para recibir la salvación, sino fruto esperado de la nueva vida en Cristo.
II. La naturaleza humana caída y el pecado personal
Creemos que Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza, con dignidad, valor y responsabilidad moral delante de Él. Por causa de la caída, toda persona nace dentro de una humanidad corrompida por el pecado, con una naturaleza inclinada al mal y bajo las consecuencias reales del pecado. Por ello, todos pecan personalmente, se hacen culpables delante de Dios y quedan separados de Él.
III. La expiación vicaria de Cristo
Creemos que Jesucristo murió en la cruz como sacrificio vicario, expiatorio, propiciatorio, redentor, reconciliador y penal sustitutivo por los pecados de todos los seres humanos. Su muerte proveyó el único fundamento suficiente de salvación para todos, de manera que Dios ofrece sincera, abierta y genuinamente el Evangelio a toda persona.
La expiación de Cristo es universal en su provisión, pero sus beneficios salvíficos se aplican únicamente a quienes creen en Él.
IV. La gracia de Dios para salvación
Creemos que la salvación es enteramente por la gracia de Dios. Esta gracia se manifiesta en el propósito de Dios en Cristo, en la revelación de Su verdad, en el envío del Hijo, en la obra convictiva del Espíritu Santo y en la proclamación del Evangelio.
En la confrontación del pecador con el Evangelio, Dios obra por medio de Su gracia iluminadora, poniendo al ser humano delante de la verdad salvadora de Cristo de manera suficiente, seria e inteligible, llamándolo a responder personalmente por fe. Esta gracia no debe entenderse como una operación irresistible que produzca infaliblemente la fe, ni como una restauración previa universal de la capacidad humana. Más bien, afirmamos que Dios obra suficiente y verdaderamente por medio del Evangelio y bajo la acción del Espíritu Santo, llamando al pecador a responder personalmente por fe.
V. El arrepentimiento y la fe
Creemos que la salvación se recibe únicamente por medio de la fe en Jesucristo. La fe salvadora consiste en confiar personalmente, sin mérito propio, en la persona y obra del Señor Jesucristo.
Creemos que el arrepentimiento acompaña inseparablemente esa respuesta de fe, como un cambio de mente respecto de Dios, de Cristo, del pecado y de la propia condición. No entendemos el arrepentimiento como una obra meritoria ni como una condición salvífica adicional, sino como parte inseparable de la respuesta del pecador al Evangelio.
VI. La regeneración o nuevo nacimiento
Creemos que la regeneración, o nuevo nacimiento, es la obra vivificante de Dios por medio de la cual el pecador que cree en Jesucristo recibe nueva vida en unión con Él. El nuevo nacimiento no es una reforma moral externa ni una simple experiencia religiosa, sino la obra salvadora de Dios en aquel que cree.
La fe no es mérito humano, pero es la respuesta personal al Evangelio mediante la cual el pecador recibe a Cristo. Por ello, afirmamos que la fe precede lógicamente a la regeneración, aunque no precede a la gracia de Dios.
VII. La elección en Cristo
Creemos que la elección bíblica está centrada en Cristo. En esta comprensión doctrinal acerca de la salvación, no afirmamos una elección individual previa para recibir salvación de manera irresistible. Afirmamos, más bien, que todo aquel que cree libremente en Cristo es unido a Él por el Espíritu Santo y, al estar en Cristo, participa del pueblo elegido en Él para vivir conforme al propósito de Dios.
La elección, en su amplitud bíblica, se relaciona con propósito, servicio, vocación y bendición para quienes están en Cristo.
VIII. La soberanía de Dios
Creemos que Dios es soberano, sabio y perfecto en todo Su ser y en todo Su obrar. Él conoce todas las cosas, gobierna la historia y cumple Su propósito redentor en Cristo conforme a Su voluntad sabia, santa y perfecta.
Esta soberanía no debe entenderse como una determinación causal exhaustiva de cada respuesta moral humana, ni como si Dios causara irresistiblemente la fe de unos y la incredulidad de otros. Dios reina sobre todo y cumple Su propósito sin cancelar la responsabilidad moral del ser humano delante de Él.
IX. La responsabilidad moral y el libre albedrío del ser humano
Creemos que el ser humano, aunque profundamente afectado por la caída, sigue siendo un agente moral real delante de Dios. No puede salvarse, regenerarse ni justificarse a sí mismo, pero es responsable por su pecado, por su incredulidad y por su respuesta al Evangelio.
Por medio del Evangelio y bajo la obra del Espíritu Santo, Dios confronta real y suficientemente al pecador con la verdad de Cristo. Por ello, cada persona es responsable delante de Dios por su respuesta al Evangelio, sin que la fe constituya mérito humano alguno.
X. La seguridad eterna del creyente
Creemos que todo verdadero creyente posee vida eterna desde el momento en que cree en Cristo, permanece eternamente salvo y es preservado por Dios para siempre. La seguridad eterna descansa en la obra consumada de Cristo, en la promesa fiel de Dios y en la preservación divina del creyente, no en la capacidad del creyente para sostenerse a sí mismo.
Esta verdad no es licencia para pecar, sino fundamento de gratitud, descanso, obediencia y santidad.
XI. La proclamación del Evangelio y la Gran Comisión
Creemos que la iglesia ha sido comisionada por el Señor Jesucristo para proclamar el Evangelio a toda criatura, hacer discípulos en todas las naciones y llamar a todas las personas al arrepentimiento y a la fe.
Anunciamos a Cristo como un Salvador realmente provisto para todos, cuya salvación es recibida personalmente por medio de la fe.
Textos bíblicos de apoyo
Los siguientes pasajes se ofrecen como una selección representativa, no exhaustiva, del fundamento bíblico considerado en esta declaración. No pretenden funcionar como textos de prueba aislados, sino acompañar la exposición doctrinal desarrollada en el conjunto del documento.
Mt 28:18–20; Mr 16:15; Jn 3:16–18; Ro 1:16–17; Ro 3:23; Ro 5:12; Ro 10:9–17; 1 Co 15:1–4; 2 Co 5:18–21; Ef 1:4–5, 13–14; Ef 2:8–9; 1 Ti 2:3–6; Tit 2:11; 1 Pe 1:23; 1 Jn 2:2; 1 Jn 5:11–13.
Nota aclaratoria
Esta declaración sintetiza, para fines de presentación pública, los fundamentos doctrinales del Provisionismo Bautista. Existe una versión normativa más amplia que precisa términos, desarrolla cada afirmación con mayor extensión y responde a las preguntas que naturalmente surgen al meditar en estas verdades.
