Declaración de Fe

LA BIBLIA
Bajo el nombre de “Santas Escrituras” o la Palabra de Dios escrita, se encuentran todos los libros (sesenta y seis) del Antiguo y Nuevo Testamento.

Todos estos fueron dados por inspiración de Dios para que sean la regla de fe y de conducta. Es inerrante e infalible.

Solo la Palabra de Dios es la autoridad que rige la fe cristiana. No está permitido igualar las palabras de ningún hombre con las Divinas Escrituras

2 Pedro 1:20, 21; 2 Timoteo 3:15-17; Mateo 5:18.

DIOS
No hay sino un solo Dios, el único viviente y verdadero. Él es la única fuente de todo ser, de quien, por quien y para quien son todas las cosas.

Perfecto, Infinito y Trascendente en todos sus atributos, cuyo conocimiento significa “la inteligencia” (Proverbios 9:10), “vida eterna” (Juan 17:3) y la más “hermosa heredad” (Salmo 16:5,6).

En la unidad de la Divinidad hay tres personas de una sustancia, poder y eternidad; Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

Y aunque la palabra “trinidad” no la encontramos exactamente en la Biblia, sí 1 Juan 5:7 nos enseña claramente: “estos tres son uno”.

Juan 5:26; Romanos 11:36; Lucas 3:21,22; 2 Corintios 13;14.

LA CAIDA DEL HOMBRE
Adán y Eva seducidos por Satanás, desobedecieron a Dios. Por este pecado cayeron de su rectitud original y quedaron muertos en el pecado, totalmente corrompidos, y “destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

Siendo ellos el tronco de la raza humana, “la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5.12) y la naturaleza totalmente corrompida se transmitió y “reinó la muerte” (Romanos 5:17).

Génesis 3; Romanos 3:10-18; 23; Efesios 2:1-3; 12; Romanos 5:6-8.

CRISTO Y SU OBRA
El Hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad, siendo verdadero y eterno Dios, habiendo llegado la plenitud del tiempo, tomó sobre sí la naturaleza humana con todas sus propiedades esenciales y con sus debilidades comunes, mas sin pecado. Fue concebido por el poder del Espíritu Santo en el vientre de la virgen María, de la sustancia de ella. Así que, dos naturalezas completas, perfectas y distintas, la divina y humana, se unieron en una persona.

Murió en una cruz, resucitó y ascendió vivo a los cielos.

1 Juan 5:20; Hebreos 2:14-18; Hebreos 4:15; Lucas 1:26-38; Colosenses 2:9; Romanos 9:5; 1 Timoteo 3:16; 1 Pedro 3:18; Hechos 1:9.

EL ESPIRITU SANTO Y SU OBRA
La tercera persona de la Trinidad es quien convence de pecado, de justicia y juicio. El es el agente sobrenatural en la regeneración y quién da poder para ser testigos efectivos de Jesús.

El es la fuerza diaria de la Iglesia aquí en la tierra.

El Espíritu Santo es quien “enseña todas las cosas” (Juan 14:26) y nos “guía a toda la verdad” (Juan 16:13). El “todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:10) y nos hace saber “lo que Dios nos ha concedido” (1 Corintios 2:12).

La llenura del Espíritu Santo o la falta de él en un creyente, hace la absoluta diferencia en la vida diaria y en su servicio a Dios.

Juan 16:8-11; Romanos 8:5-16; Tito 3:5; Efesios 5:18; Hechos 1:8; Hechos 9:31; Efesios 3:14-21

EL CRISTIANO
Mucha gente dice ser cristiana basada en que asiste a una congregación, en alguna clase de oración que repitió o que dice creer en Dios.

Pero el cristianismo genuino no es algo invisible. La fe verdadera puede verse.

Al nacer de nuevo fuimos “creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).

Por esto, el cristiano “resplandece como luminares en el mundo” (Filipenses 2:15), y su luz alumbra delante de los hombres para que Dios sea glorificado.

Jesús no dijo que sus discípulos serían reconocidos por estar de acuerdo con las doctrinas correctas sino por su conducta (Juan 13:35) “en medio de una generación maligna y perversa” (Filipenses 2:15).

A un cristiano ineludiblemente se lo reconoce por el fruto visible de la obra del Espíritu Santo en él (Gálatas 5:22-23). Una persona que continúa viviendo en desobediencia a Dios NO es cristiana. Ella sigue en el mundo (1 Juan 3:8).

Tito 1:16; Santiago 2:17-26; Efesios 2:10; Filipenses 2:15; Mateo 5:14-16; Juan 13:15; 1 Juan 4:7,8

EL PECADOR PERDIDO
El hombre, sin Dios, es un pecador perdido. Lleno de impiedad, deseos por la inmoralidad e incapaz de cambiar.

Puede hacer cosas buenas, como ayudar a alguien, pero, detrás de esas “buenas acciones” hay egoísmo, orgullo, vanidad, etc., y a la par que hace algo “bueno” (bondad aparente) cae en otros errores más visibles.

La Palabra de Dios lo describe, entre otras cosas, como “injusto, inútil, engañoso, asesino, insensato, rebelde, extraviado, esclavo de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, muertos en delitos y pecados, débiles, impíos, pecadores, enemigos de Dios” (Romanos 3:9-18; Tito 3:3; Efesios 2:1; Romanos 5:6-10).

ABORRECIMIENTO, JUICIO E INFIERNO
Dios aborrece el pecado, por lo que todo pecador será juzgado y echado al infierno por la eternidad.

Dios no es un juez injusto para “tener por inocente al culpable” (Nahúm 1:3). El infierno es real: es un castigo eterno, no una destrucción del cuerpo como enseñan los Testigos de Jehová, y la vida del pecador siempre está pronta a caer en él.

Salmos 101:3; Romanos 1:18; Hebreos 12:29; Hebreos 9:27; Romanos 2:5-11; Mateo 25:46; Apocalipsis 20:11-15.

ARREPENTIMIENTO Y FE
Solo a través del autentico arrepentimiento de sus pecados y una genuina fe en Jesús y su obra en la cruz del Calvario el ser humano encuentra la salvación y pasa de muerte a vida.

El genuino arrepentimiento y fe no es un simple remordimiento como en el caso de Judas.

Es un antes y un después que produce sin excepción una vida de buenas obras.

No nos salvamos por obras pero sí para obras.

Una fe sin obras está muerta. No es fe verdadera. “En esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos” (1 Juan 2:3).

Hechos 17:30; Marcos 1:15; Hechos 20:21; Lucas 24:47; Hechos 10:43; Romanos 5:1; Mateo 27:3-10; Efesios 2:8,9; Mateo 5:16; Mateo 25:31-46; Santiago 2:14-26

NUEVO NACIMIENTO
Al creer en Jesús como nuestro sustituto, hemos muerto juntamente con él, y hemos resucitado juntamente con él a una nueva vida. Por lo que se produce un nuevo nacimiento. Una nueva creación espiritual dentro nuestro. Sin esta regeneración es imposible ser cristiano. Es este milagro del nuevo nacimiento, y solo este milagro, lo que permite que ahora vivamos una vida diferente.

Sin esto solo se trata de la aceptación de una religión muerta.

Este nuevo nacimiento es visible. No se trata de algo oculto en el corazón. Sucede en el interior de la persona pero pronto se manifiesta en su manera de vivir. Hay un cambio.

Si la persona verdaderamente ha nacido de nuevo se ve claramente el fruto, si no su conversión ha sido superficial, por lo tanto aún debe arrepentirse genuinamente y postrarse delante de la obra de Jesús en la cruz.

Colosenses 2:13; Efesios 2:5,6; Juan 3:3-8; Efesios 2:10; 2 Corintios 5:17; 2 Pedro 1:4; Mateo 5:14-16; Mateo 7:21-23; 1 Juan 3:9,10.

DEPENDENCIA ABSOLUTA
El cristiano una vez nacido de nuevo debe vivir su vida en total dependencia de Dios. Alimentándose de Su Palabra, fortaleciéndose en la oración y adoración, confiando solo en las fuerzas del Señor en él.

Nunca el cristiano puede considerar que ya es lo suficientemente maduro o fuerte como para ya no necesitar la obra de la cruz en su vida o la dependencia total de la ayuda diaria en el trono de la gracia. El hijo de Dios siempre, en cada momento, necesita a su Dios.

Juan 15:4,5; Gálatas 5:16,17; Romanos 8:12,13; Hebreos 4:16; Romanos 13:14; Salmo 1:1-3

LA GRAN META DEL CRISTIANO
El cristiano tiene 3 metas principales en su vida:

– Glorificar a Dios con todo su ser cada momento de su vida
– Andar como Cristo anduvo en este mundo
– Vivir en la eterna gloria venidera junto a su Señor y deleitarse en ÉL por siempre

Las metas del cristiano son clara y definidamente diferentes a las de cualquier persona de este mundo.

El no busca fama, riquezas, aplausos, placeres ni comodidad. A todo esto lo llama “los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida” los cuales no provienen de Dios, sino del mundo.

Como muy bien dijo George Müller: “El mal comienza cuando el siervo procura tener riqueza, grandeza y honra en este mundo donde su Señor fue pobre, humilde y despreciado”.

Romanos 11:36; 1 Corintios 6:20; 1 Juan 2:6; 1 Juan 4:17; Lucas 6:40, Efesios 5:1; Mateo 25:21; Filipenses 1:21-24; Colosenses 3:1-3; Mateo 6:24; Mateo 6:31-33; 1 Juan 2:15-17

LA IGLESIA
La palabra Iglesia proviene del griego “ekklesía”, y se puede traducir como “llamados a salir”. Esto hace referencia a las palabras de Jesús: “no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo” (Juan 15:19). De manera que la Iglesia no se trata de un lugar físico o edificio, sino del conjunto de verdaderos hijos de Dios que han salido del mundo, nacido de nuevo y viven para su Señor.

Ellos son “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 Pedro 2:9). Y tienen un propósito final muy específico: “anunciar las virtudes” de Dios (1 Pedro 2:9), ser “hijos suyos” (Efesios 1:5) “para alabanza de la gloria de su gracia” (Efesios 1:6).

La Iglesia es el cuerpo de Cristo, y la cabeza de ese cuerpo es Cristo mismo, no un hombre.

Juan 1:12,13; Juan 8:31; Juan 3:3; Efesios 1:22,23; Efesios 5:23; Colosenses 1:18.

El Bautismo en Agua por inmersión en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y la Cena del Señor fueron instituidos por el Señor mismo.

Mateo 28:19; Marcos 16:16; Hechos 2:38; Lucas 14:14-20

EL DINERO Y LA IGLESIA
Es una consecuencia normal e ineludible que el cristiano que ama la obra de Dios y a sus hermanos, dé voluntariamente, según su propio corazón, de su dinero.

Si una persona no usa su dinero para servir a Dios, lo cual es lo mínimo, ¿cómo podrá hacerlo con el resto de su vida?.

Es desagradable delante de Dios que alguien utilice esto para su propio enriquecimiento o mal uso.

El dinero que la Iglesia reúne es para los gastos generales, el sustento de los pastores que estén trabajando de tiempo completo en la obra de Dios y en su caso para la ayuda de personas o familias con necesidades temporales.

Lucas 16:1-13; 2 Corintios 9:7; 1 Pedro 5:2; Tito 1: 7; 2 Corintios 11:13-15; 1 Corintios 9:11, 14; Hechos 4:34, 35

LA CREACIÓN
Agradó a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, para la manifestación de la gloria de su poder, sabiduría y bondad eternas, crear o hacer de la nada, en el principio, el mundo y todas las cosas que en él están, ya sean visibles o invisibles.

Hebreos 1:2; Juan 1:1-3; Génesis 1 y 2.

LOS DONES ESPIRITUALES Y LOS MILAGROS

Los dones reflejados en 1 Corintios 12:4-10 están vigentes y disponibles por el Espíritu Santo hoy en día; no hay pasaje bíblico que hable de que estos dones han cesado.

Dios sigue”testificando” juntamente con la Iglesia con “señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad” (Hebreos 2:4).

Es una verdad concreta y bíblica que la autoridad apostólica es irrepetible, y que una señal de la misma fueron las “señales, prodigios y milagros” (2 Corintios 12:12).

Pero todo esto, así como en el primer siglo no fue exclusivo de los apóstoles, es una realidad para nosotros a través de la fe.

1 Corintios 12:31; Efesios 4:7,8; Romanos 12:4-8; 1 Corintios 14:1-5; Hechos 15:32; 1 Corintios 14:24,25; Marcos 16:15-18; Hechos 1:8; Hechos 2:1-21; Hechos 2:38,39; Hechos 4:29,30; Hechos 10:44-47; 1 Corintios 2:1-5; 1 Tesalonicenses 1:5

LA FAMILIA
Dios ha establecido a la familia como la institución fundacional para la sociedad humana. Esta se forma de personas que se relacionan unas a otras por matrimonio, consanguinidad o adopción. El matrimonio es la unión de un hombre y una mujer en un pacto de compañerismo y fidelidad de por vida y es el regalo singular de Dios con el cual revela la unión de Cristo y Su Iglesia y provee al hombre y a la mujer unidos en matrimonio, del marco apropiado para el compañerismo íntimo, el canal de expresión sexual de acuerdo con los estándares bíblicos y el medio de procreación para la humanidad.

Aunque diferentes en sus roles y responsabilidades, el esposo y la esposa son de igual valor y dignidad delante de Dios. Los hijos, desde el mismo momento de la concepción, son bendición y herencia del Señor. Los padres deben enseñar a sus hijos valores morales y espirituales y deben guiarlos a través de su estilo de vida consistente y ejemplar y de una disciplina amorosa a tomar decisiones basadas en las verdades bíblicas. Los hijos deben honrar y obedecer a sus padres.

Génesis 1:26-28; 2:15-25; 3:1-20; Éxodo 20:12; Deuteronomio 6:4-9; Josué 24:15; 1 Samuel 1:26-28; Salmos 51:5; 78:1-8; 127; 128; 139:13-16; Proverbios 1:8; 5:15-20; 6:20-22; 12:4; 13:24; 14:1; 17:6; 18:22; 22:6,15; 23:13-14; 24:3; 29:15,17; 31:10-31; Malaquías 2:14-16; Mateo 5:31-32; 18:2-5; 19:3-9; Marcos 10:6-12; Romanos 1:18-32; Efesios 5:21-33; 6:1-4; Colosenses 3:18-21; 1 Timoteo 5:8,14; 2 Timoteo 1:3-5; Tito 2:3-5; Hebreos 13:4; 1 Pedro 3:1-7.

PATERNIDAD
El rol del padre fue creado por Dios, es irremplazable y de igual valor y necesidad que el rol de la madre. Ya que la honra de los hijos son sus padres (Proverbios 17:6) y que Dios le ordena a su Iglesia cuidar de los huérfanos (Santiago 1:27), cada niño necesita un padre amoroso y activo en su vida. Los padres son responsables delante de Dios de guiar a sus familias y capacitar espiritualmente a sus hijos en la disciplina y amonestación del Señor.

Debido a que la paternidad en la tierra es una representación de la paternidad eterna de Dios, cada padre es llamado por Dios a ser un proveedor fiel (Mateo 7:11, 1 Timoteo 5:8), un protector fuerte (Mateo 2:13, 14, Lucas 11:21), un líder amoroso (Efesios 6:1-4), una autoridad respetable (Hebreos 12:4-11), un maestro fiel a la verdad (Deuteronomio 6:7, Pr 4:1-4), un ejemplo viviente (Juan 5:19-23, 1 Corintios 11:1) y un amigo compasivo (Salmos 103:13, Juan 15:15) para sus hijos.

TIEMPOS FINALES
La Biblia habla claramente que el último gobierno humano sobre la tierra estará compuesto por la alianza de muchos países y tendrá un solo gobernante, llamado por la Palabra, “el anticristo”.

Pero las Escrituras anuncian que este gobierno mundial será interrumpido por la Segunda Venida de Jesús.

Mas lo que depara a todo aquel que rechazó su oportunidad de reconciliarse con Dios por medio de Jesucristo, es el juicio final, donde serán condenados al infierno eterno.

Daniel 7:19-27; Daniel 2:40-45; Apocalipsis 13; Apocalipsis 17:7-13; 2 Tesalonicenses 2:3-9; Mateo 24:29-31; Apocalipsis 19:6-8; Apocalipsis 20:11-15


Ultima revisión: Mayo 12, 2014