por David Franco
Artículo original: “Impactando o Integrando” partes 1 y 2, tomados de ¡Ya Levántate!

Los cristianos deberíamos impactar en nuestra comunidad, nuestra sociedad y en el mundo por ser totalmente diferentes. Deberíamos impactar a nuestro prójimo por caminar por un rumbo diametralmente opuestoal de las personas sin Cristo.

Hoy parece que la “moda cristiana” es caminar por senderos paralelos (si no idénticos) a los que anda el mundo. Nos ha parecido que el camino angosto nos aleja del propósito de llevar a otros a Cristo.

Es tanto como pensar que para salvar a uno que se está ahogando, hay que sumergirse con él, tragar tanta agua como él ha tragado, manotear y patalear desesperadamente y… ¡¿ahora quien nos salva?! Realmente la metáfora sería hilarante si no fuera una realidad trágica. Claro que debemos vivir en el mundo, ¡aquí nos puso Dios! Pero no confundamos la gimnasia con la magnesia. Jesús oró al Padre diciendo: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Juan 17:15) y hasta ahora no he encontrado una cita bíblica en donde Jesús haya dicho algo como: “Te pido que los integres al mundo de tal manera, que no sepamos quién es quién”. Y tal parece que esta es la filosofía que muchos cristianos viven hoy en día.

[Leemos en] Romanos 12:2 en tres versiones diferentes:

(Reina-Valera 1960)

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

(La Biblia de las Américas)

no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.

(Biblia en Lenguaje Sencillo)

no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto.

(El énfasis es mío)

Hay un poema de Salvador Díaz Mirón que dice en uno de sus versos:

Hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan… ¡Mi plumaje es de ésos!

Claro que no se refería a la vida del cristiano, pero bien podría tomarse como una metáfora del diario caminar de los hijos de Dios. O más bien, debería poderse tomar así. Me explico. Cuando leemos en el Evangelio según San Juan capítulo 17, que Jesús oró por sus discipulos, nos encontramos con algunos datos interesantes que hoy en día algunos movimientos pseudocristianos pasan por alto de manera intencional o bien, los acomodan a su gusto y conveniencia.

Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. (v. 11, énfasis añadido)

Jesús dice, explícitamente, que estamos en el mundo y no sólo se refiere al mundo físico, al planeta tierra, sino que se refiere también al mundo como género humano, es decir, toda la humanidad: hombres y mujeres, creyentes y no creyentes. Así que no somos llamados a apartarnos geográficamente del resto de la población mundial; esto es claro.

No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. (v. 15, énfasis añadido)

De hecho, Jesús le pide al Padre que NO nos quite del mundo. ¿Cómo podríamos cumplir la tarea que más adelante, justo antes de su ascención, nos encomendó? ¿Cómo ser testigos suyos en todo lugar y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8)?

Ser y estar. Estar y no ser

Para impactar a la sociedad, a nuestra comunidad, debemos estar en el mundo. Pero ¡cuidado! No nos confundamos. Una cosa es “estar” en el mundo y otra es “ser” del mundo. Una cosa es “caminar entre” los del mundo y otra muy diferente es “caminar en pos” del mundo. Una cosa es dar testimonio (impactar) en el mundo y otra completamente opuesta es “integrarnos” en el mundo.

Jesús no pidió que el Padre nos aislara del mundo, sino que nos guardara del mal. Hasta el día de hoy, no he encontrado en algún lugar de la escritura que Jesús nos ordene establecer un comando de inteligencia para elaborar y ejecutar un plan de infliltración en el mundo, de tal forma que no podamos ser identificados y que, por consecuencia, sí seamos aceptados como iguales por toda la humanidad. De hecho, encuentro todo lo contrario. Regresemos un versículo en el capítulo 17 de Juan:

Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. (v. 14, énfasis añadido)

Estamos en el mundo pero no somos del mundo. Llevamos las buenas nuevas al mundo pero el mundo nos aborrece. ¿Será porque las buenas nuevas que Jesús nos encargó que lleváramos incluyen el predicar que la condición del hombre es de pecado y su destino la condenación eterna a menos que se arrepienta, confiese su pecado, ponga su fe sólo en Jesús y viva una vida de arrepentimiento? Sí, estoy seguro que así es. El mundo quiere las cosas fáciles. Sin culpas, sin responsabilidades, sin rendición de cuentas, sin justicia hacia uno mismo, sin acusaciones, sin compromisos.

Lo triste es que hoy, algunos movimientos que se autocalifican de “cristianos”, están eseñando (engañando) a las personas que Dios es sólo amor y que su amor incondicional se demuestra en que nosotros, por nuestros propios medios, podemos alcanzarlo y vivir una vida feliz y terminar nuestros días con la seguridad de que no hay justicia que satisfacer a causa de nuestros pecados, por lo que la vida eterna es para todos los que vivan una vida buena y que hayan “caminado hacia la luz” que hayan tenido disponible.

¿Qué tiene que ver esto con el vivir o no “integrados” al mundo? Tiene todo que ver. Cuando se predica y se enseña esto, se le está diciendo al mundo que está bien, que no hace falta Jesús ni su muerte redentora, que el pecado es algo relativo o inexistente y que pueden alcanzar el cielo por su propios méritos. Se les predica que Jesús sólo vino a enseñarnos a vivir y ser felices. Y a los que se consideran creyentes se les envía el mensaje de que ser del mundo está bien, que vivir integrados al mundo es la forma de llevar el evangelio (su evangelio, no el de Cristo) a otros y que no importa lo que hagan y como se comporten ni lo que crean, su lugar en la gloria está garantizado por seguir las enseñanzas de su líder, que por supuesto no es Jesús.

En otras palabras, estos movimientos están diciendo que Jesús es un mentiroso.

Están diciendo que para ser relevantes como cristianos el mundo nos debe amar, para lo cual, debemos ser como el mundo; ser del mundo.

Cuando escuches que algún líder o pastor o predicador o maestro diga que “debemos llevar la fiesta en paz” con todos y que hablar del pecado, del infierno y de la condenación es una actitud agresiva y que “espanta” a la clientela, digo, a los posibles nuevos creyentes, regresa inmediatamente y a toda velocidad a la Biblia. Regresa corriendo a Romanos 6:23, a Lucas 24:47 y a tantos otros pasajes bíblicos que nos enseñan que el hombre es pecador y que merece la muerte a no ser que se arrepienta. Esto es lo que dice la Biblia, lo demás, es sólo doctrina de hombres.

Debemos impactar al mundo, no porque nos creamos mejores o nos veamos iguales, sino porque llevemos en nuestros corazones y nuestras acciones el amor de Dios y en nuestras palabras el mensaje del Evangelio, el que está escrito claramente en la Biblia. El camino no será fácil, pero nos apoya y nos sostiene el Señor de señores, Dueño de todo lo que existe y Salvador nuestro: Jesucristo.

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
—Jesús (Juan 16:33, énfasis añadido)

¡Levántate y adelante!

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