Mensaje: Os améis unos a otros | Jaime Álvarez

1
315

Os améis unos a otros.

OBJETIVO GENERAL: El oyente reafirmará los deberes que, de acuerdo con la enseñanza de Cristo, tenemos con los hermanos.

OBJETIVO ESPECIFICO: El oyente tomara conciencia de su deber de amar a sus hermanos en Cristo.

 

Introducción

El 15 de abril de 1912 el famoso trasatlántico Titanic se hundió en las frías aguas del Atlántico llevándose 1517 vidas. Entre los desaparecidos se encontraba el pastor bautista John Harper, con una historia poco conocida. Él era un evangelista originario de Glasgow Escocia, un predicador apasionado que había sido invitado para predicar en la iglesia de Moody de Chicago.

En los días que precedieron a la tragedia, John Harper vivía como un hombre de fe hablando y compartiendo del amor de Cristo. Cuando la tripulación del barco informó a los pasajeros que habían perdido el control de la nave y estaban próximos a hundirse, Harper arropó y puso a su pequeña hija a salvo en un bote salvavidas, pero cedió su lugar a otro cuando pudiera haberse salvado, aun sabiendo que nunca volvería a ver a su hija.

Luego cedió también su chaleco salvavidas, a un hombre que rechazó su llamado a entregar su vida a Cristo, diciéndole “usted necesita esto más que yo”, porque pensó que esa persona necesitaba otra oportunidad para salvar su alma.

Un sobreviviente narra que él decía: “mujeres niños y los no creyentes suban primero a los botes”. Hasta el último momento que Harper estuvo a bordo del barco, insistió a las personas a entregar sus vidas a Jesús.

Cuatro años después que se hundió el Titanic, en una reunión de sobrevivientes, George Henry Cavell contó su primer contacto con John Harper, este se le acercó nadando y le pregunto: “eres salvo” al contestar que no, él respondía: “cree en el Señor Jesucristo y serás salvo”, pero el hombre rechazo la oferta en un primer momento.

Harper se fue y continúo acercándose a otros náufragos, haciéndole la misma invitación a cada uno de ellos.

Sin embargo John regresó una segunda vez con George Henry, y le oyó decir nuevamente: “cree en el Señor Jesucristo”, y sabiendo que estaba solo en el frío mar, a la deriva y con dos millas de agua bajo sus pies, aceptó creer en Jesús como Salvador. Poco después, el sobreviviente cuenta que vio a Harper hundirse en el mar.

Las últimas palabras del testimonio de George Henry fueron: “Yo soy el ultimo convertido de John Harper”. Este hombre puso su fe en Jesucristo y poco después fue recatado por los botes salvavidas.

 

Desarrollo

La Gran Comisión para alcanzar al mundo con el Evangelio, no principió con las últimas palabras de Cristo a sus seguidores en Mateo 28:19 y 20, más bien comenzó con las palabras que les dirigió en el aposento alto, antes de sufrir su pasión y muerte en la cruz del calvario. El nuevo mandamiento fue antes de la gran comisión.

Fue durante la última cena que Jesús describió su extenso plan para alcanzar a todos los hombres, con la verdad de quien era Él y para qué vino al mundo. Especialmente cuando les dice a sus discípulos busquen en sus Biblias nuestro pasaje base Juan 13:34-35: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.

Aquí encontramos 3 afirmaciones muy importantes del Señor:

1) Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros

2) Como yo os he amado, que también os améis unos a otros y

3) En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros

En estas 3 afirmaciones notamos el interés básico de Cristo: el amor de los unos con los otros. Pero también cada afirmación contiene un concepto único.

Primero, el amarse unos a otros era un mandamiento nuevo.

Segundo, el amor de Cristo hacia ellos debía ser el modelo para que se amaran.

Tercero, este amor iba a ser el medio por el cual los apóstoles darían a conocer a todos los hombres a aquel a quien estaban emulando en sus relaciones.

1) Veamos la primera afirmación de Cristo: Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros. ¿Por qué era éste un mandamiento nuevo?  ¿Cómo se relaciona este mandamiento con los mandamientos de Antiguo Testamento? ¿Cómo se relacionan ambos con nuestra tarea de atraer a las personas a Cristo?

Cuando Cristo dijo: “un mandamiento nuevo os doy” obviamente estaba haciendo una comparación entre lo antiguo a lo nuevo, Cristo les estaba hablando de una nueva forma de hacer que la gente estuviera consiente de sus pecados y  de guiarlos hacia Él.

Cuando escuchamos la palabra mandamiento, generalmente pensamos en los 10 mandamientos dados a Israel a través de Moisés, pero también abarcan las leyes, estatutos y decretos que Dios reveló a Moisés. Estos son los “antiguos mandamientos”, la “ley”, que fue dada dice el apóstol Pablo como “nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe” (Gálatas 3:24).

Equivocadamente muchas personas piensan que la ley “los mandamientos antiguos” fueron dados para cumplirlos y así poder heredar la vida eterna. ¡Pero esto no es así! Pablo escribió a los romanos: “…por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20).

Dios dio los mandamientos para que el hombre conociera el pecado, la ley es un ayo o tutor, del griego paidagogos literalmente un guía o guardián de jóvenes. Este tutor era generalmente un esclavo, quien se aseguraba de que el joven bajo su cuidado acudiera puntual y regularmente a la escuela con su maestro.

Y cuando el joven no se encontraba bajo la supervisión del maestro, el tutor era responsable de que el joven se comportara. En otras palabras el ayo, el tutor era un disciplinador, que tenía la vara lista en su mano para golpear al joven desobediente.

Este ayo, ilustra la naturaleza de la ley, el mandamiento antiguo, y por qué la estableció Dios. La ley era nuestro disciplinador, que nos guía a Cristo, quien es representado en la metáfora como el maestro. Una vez de que nos encontramos con el Maestro, y bajo su guía, entonces estamos libres del paidagogo, de la ley.

Pablo continua diciendo en Gálatas 3:25 y 26: “Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”.

Pero usted me puede decir ¿Qué sucede con las personas que nunca han oído los mandamientos antiguos, la ley de Dios? ¿Qué de aquellos que nunca siquiera han oído de ella? ¿Qué de la gente que vivió antes de que fuera revelada la ley en el monte Sinaí? Pablo responde: “Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir” (Romanos 5:13-14).

Entonces la ley del Antiguo Testamento fue dada para guiar a que la gente buscara a Jesucristo. Sin embargo, cuando Él vino reveló un “nuevo mandamiento” como un medio sin precedente para guiar a las personas a Dios. Este medio quedaba implícito en el nuevo mandamiento de “amarse unos a otros”. Jesucristo dijo que por ese medio, “conocerán todos que sois mis discípulos” (Juan 13:35).

Dios es amor y su Hijo Jesucristo nos demostró su amor al venir a salvarnos. Nosotros (los creyentes) fuimos atraídos por su amor, y por el amor y compañerismo cristiano al haber alguien que nos habló de Él y de su obra redentora.

En la actualidad, el mundo está lleno de  religiones que enseñan que podemos ser salvos por medio de buenas obras, o también guardando la Ley del Antiguo Testamento, incluso sistemas religiosos que utilizan leyes bíblicas para formar su propio credo de buenas obras para tener éxito en la vida futura.

Pero la Biblia rechaza claramente todo esto como medio para obtener la vida eterna, la Escritura resalta la importancia de la fe en Jesucristo como solución al pecado y a la separación de Dios.

Veamos 2 pasajes: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). “Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:4-5).

Amigo oyente, ¿Cómo está usted tratando de obtener la vida eterna? Todo individuo puede ser salvo única y exclusivamente por su fe en la bondad y justicia del Hijo de Dios  Jesucristo, le invito a que reflexione acerca de esto.

Pero tal vez usted ya es creyente, y ha confiado en Cristo para su salvación, pero ahora está tratando de hacer esto y no hacer aquello. Está tratando de guardar ciertas “leyes”. Eso es imposible; los cristianos no pueden vivir vidas perfectas.

No solo se es salvo por la fe en Cristo, sino que se permanece salvo por esa misma obra. Los creyentes pueden y deben hacer buenas obras motivados por una nueva fuente de fortaleza interna. ¿Cuál es esta fuente? La misma gracia que le salvó.

¿Está permitiendo que la gracia y el amor de Dios le motiven para vivir este tipo de vida?

Pasemos a la segunda afirmación en nuestro pasaje

2) Como yo os he amado, que también os améis unos a otros. ¿Qué estaba diciendo Jesús? ¿Qué entendieron sus discípulos en ese momento? Su comprensión estaba limitada a lo que había sucedido en su relación con Cristo hasta ese momento en sus vidas.

El mandamiento antiguo lo sabían muy bien, acaso no eran judíos. Conocían perfectamente la ley y los profetas por lo menos en su contenido. Pero se requería tiempo y experiencia para que comprendieran el propósito final del mandamiento antiguo, ser el tutor que los llevara a la verdad revelada en Cristo.

Cuando Cristo hizo estas afirmaciones, ellos no entendían por qué tenía que morir, por lo tanto no podían entender completamente el “nuevo mandamiento” del que les estaba hablando.

Jesús ya les había demostrado su amor, al elegirlos, enseñarles, protegerles y suplir sus necesidades. Todas eran manifestaciones de su amor. El hecho mismo de haber venido a la tierra en forma humana y caminar entre los hombres fue un acto de amor.

Pero los discípulos no lo comprendían, si así hubiera sido, no habrían discutido entre ellos “quien sería el mayor” (Lucas 22:24), en la misma última cena. Jesucristo sabía de sus debilidades, motivos egoístas, y su falta de amor de los unos a los otros; sin embargo, Él los amaba de cualquier manera. Y en este momento estaba a unas horas de demostrar Su amor en una manera inolvidable. Su sacrificio en la cruz.

Jesús les demostró su amor a sus discípulos cuando en cierto momento durante la cena (Juan 13:4-11), Cristo se levantó de la mesa y “comenzó a lavar los pies de sus discípulos, y a enjuagarlos con la toalla con que estaba ceñido”. Este no es un incidente casual, este trabajo de lavar los pies, era realizado generalmente por un esclavo.

Por costumbre en las casas orientales, los invitados eran bienvenidos en esa forma. Debido a que caminaban en calles polvosas, los pies se ensuciaban. Consecuentemente, los esclavos lavaban los pies a los invitados que entraban en una casa.

Debido a que esa era una cena privada, en un lugar prestado, no había sirvientes. Indudablemente, Jesús había esperado a que uno de sus discípulos, voluntariamente realizara este trabajo. La vasija estaba allí como la toalla. El problema era que no había nadie que quisiera hacer ese trabajo.

Esta era la oportunidad para Cristo. Él se hizo ese siervo, lavó sus pies incluyendo los de Judas. En este acto de servicio, Jesús demostró su propósito al venir a este mundo. Juan lo dijo de la siguiente forma: “…sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin(Juan 13:1). Pablo lo escribe así: “y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2:8).

Pero esto es más que un cuadro del amor de Cristo hacia nosotros. Es una lección modelo de como amar como Él amó. Fue en relación con esto que Cristo dijo un poco después: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34).

El resultado práctico de esta afirmación comienza con una vida esforzada. En muchos aspectos, esta fue una experiencia impactante para los discípulos. Como lo comenta un estudioso: “estaban listos para luchar por un trono ¡pero no por una toalla!

Esto es de lo que trata el cristianismo. Trasciende todas las barreras culturales y sociales. Por ello los esclavos y los amos se sentaban juntos en la iglesia del Nuevo Testamento, ahora eran hermanos en Cristo. Por la misma razón los pobres estaban junto con los ricos, las esposas con sus esposos con orgullo y dignidad, los judíos y los gentiles ya no eran enemigos. “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28).

¿Qué significa hoy en día amar como Cristo amó? Obviamente, a pocas personas se les pide el máximo sacrificio a favor de otros: el sacrificio de la muerte, aunque ciertamente ha sucedido a través de la historia, como vimos en el principio de nuestro mensaje.

Notemos las palabras de Jesús a sus discípulos después de que dejaron el aposento alto. Les reforzó la lección que acababa de enseñarles: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos(Juan 15:12-13).

Pero ¿que en cuanto al ahora? Pedro fue rápido al responder, “…Por ti daré hasta la vida” (Juan 13:37). Sin embargo unos minutos antes, ni siquiera había estado dispuesto a lavar los pies de Jesús. Las palabras de Pedro sonaban bien, pero recordemos que después negó tres veces al Señor.

Las palabras son fáciles de decir, es sencillo decir: te amo y haría cualquier cosa por ti, cuando el sacrificio personal se ve lejano. Probablemente sea más fácil ser un siervo aún hasta la muerte, cuando no hay otra alternativa. Pero ¿qué hay de las relaciones comunes y corrientes que conforman nuestra vida diaria?

Piense por un momento acerca de sus relaciones. Realmente, todas se inician con su familia. ¿Qué está dispuesto a hacer por aquellos a quienes dice amar? Recuerde que Cristo amó a sus discípulos incondicionalmente, a pesar de que eran inconsistentes, egoístas, orgullosos, impacientes unos con otros, groseros, envidiosos, maleducados y poco confiables.

Piense por un momento. ¿De qué maneras está amando a su familia de la forma en que Cristo lo hizo? ¿Tiene una amor sacrificial para con su familia?

¿Qué hay de su relación con otros cristianos? Puede que usted diga que ama a los otros. ¿Cómo lo demuestra?

Esta dispuesto a servir en amor, aunque no se le reconozca públicamente

Busca oportunidades para ser un siervo

Ora por otros tanto como por sí mismo

Se involucra en las vidas de otros creyentes para ayudarles

Comparte una parte de su dinero para que el cuerpo de Cristo funcione adecuadamente

Usa sus posesiones y talentos para ministrar a otros

Y ¿Cómo están sus relaciones con los incrédulos, los no cristianos? La Biblia dice que “hagamos bien a todos” (Gálatas 6:10). Especialmente “a los de la familia de la fe”, pero debemos amar a los incrédulos, Cristo es nuestro ejemplo Él murió no solo por sus amigos, sino también por sus enemigos.

Piense en alguna cosa que pueda hacer inmediatamente en la práctica. Antes de poder servir a otros en las grandes cosas de la vida, necesitamos empezar, sirviendo a otros en las relaciones ordinarias de la vida diaria. ¿Cuál es el primer paso que usted dará para amar como Cristo le amó?

Ya hemos visto que la primera afirmación de Cristo, el amarse unos a otros era un mandamiento nuevo.

En la segunda afirmación, el amor de Cristo hacia ellos debía ser el modelo para que se amaran.

En Tercer lugar, este amor iba a ser el medio por el cual los apóstoles darían a conocer a todos los hombres a aquel a quien estaban emulando en sus relaciones. Veamos rápidamente la tercera afirmación de Jesús.

3) En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. Jesús tenía un propósito especial cuando dio a sus discípulos un nuevo mandamiento, diciéndoles que se amaran unos a otros como Él los había amado. Este propósito era revelar a toda la humanidad quien era Él.

Aunque había tenido un ministerio de 3 años, demostrando amor a todos  predicando el evangelio y, que había venido a servir y dar su vida en rescate por muchos, muy pronto sería llevado arriba. En el principio de nuestro pasaje dice: “…Sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre” (Juan 13:1a).

Entonces ¿Cómo sabría la gente del amor de Cristo? ¿Cómo podría Él hablar estando ausente? Jesús tenía un plan maravilloso: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35).

La palabra más importante en esta afirmación es “mis”. El Señor se estaba refiriendo a sí mismo. El no dijo: Todos conocerán que son discípulos. Él dijo: “conocerán todos que sois mis discípulos”.

La palabra discípulo significa aprendiz, estudiante, seguidor. Por ejemplo Sócrates era discípulo de Homero, Juan el Bautista tenía discípulos, los fariseos se decían discípulos de Moisés.

Sin embargo no ha existido un maestro como Jesús, ni discípulos como los apóstoles. Porque estos hombres comunes fueron enseñados por, “aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14).

El singular plan de Cristo era que los no creyentes llegaran a conocer su amor a través de sus discípulos, en sus relaciones los unos con los otros. Aunque Cristo no estaría presente, la gente sabría de su amor a través de sus seguidores, quienes continuarían amándose unos a otros.

Por eso el apóstol Juan después escribió: “Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros (1ª de Juan 4:11-12).

La implicación de lo que dice Juan es obvia. Los incrédulos pueden ver al Dios invisible a través de los creyentes, quienes le hacen visible por Su presencia en sus vidas y en sus corazones. Cristo demostró y enseño un estilo de vida diferente de todos los maestros, esa distinción es el amor.

Aún el hecho de que fueran 12 hombres para representarlo inicialmente en la tierra, nos lleva a una observación importante. Si Él hubiese desarrollado solamente a un discípulo, nunca podría haber dicho: “ámense unos a otros”. Necesitamos el compañerismo con otros creyentes para experimentar la calidad de amor que Cristo quiere que conozcamos.

Nuestro amor por una persona que esta fuera de Cristo puede funcionar a un nivel superficial, pero nuestro amor hacia nuestros hermanos es más profundo y duradero, porque tenemos más cosas en común, “…porque nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1ª de Juan 1:3).

¿Dónde se encuentra usted? ¿Tiene la clase de amor hacia sus hermanos que hace que digan que es seguidor de Cristo? Si proclama ser cristiano y todavía no está interesado en las necesidades, sufrimientos, gozos y problemas de otros creyentes. No está obedeciendo  a Cristo, y si no le obedece, no ama. Juan escribe en su 1ª carta capítulo 4:20; “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?”

¿Qué evidencia hay en su vida de que está amando como debe ser a otros cristianos fuera de su familia inmediata? Oremos….

 

SHARE
Previous articleEstudio Bíblico 18:30 hrs. IBIREC
Por la gracia de Dios, siervo de Jesucristo: esposo bienaventurado y padre dichoso, llamado por Dios como heraldo del Evangelio y de Su Consejo (solo la Biblia), generalista y autodidacta, bilíngüe, informático (PM) y desarrollador, escritor y con algunos destellos de músico y compositor; todo para el servicio y la gloria de Dios.

1 COMMENT

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here