Liderazgo Bíblico 06 | Los Diáconos: Introducción

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Diáconos

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La iglesia es una comunidad viva de personas redimida por Cristo Jesús. Nadie es más visible al mundo que observa que los que están en posiciones de liderazgo en la iglesia. Ellos son los que el mundo va a señalar como ejemplos de lo que son los cristianos. Hemos visto en los años recientes como un puñado de hombres muy visibles, pero moralmente descalificados, pueden empañar la reputación de toda la iglesia. ¿Quién puede decir si algunas de estas personas son de verdad creyentes genuinos? Satanás comúnmente siembra cizaña (falsos creyentes) entre el trigo (creyentes verdaderos: Mt. 13:36-43). Por tanto, es importante evaluar cuidadosamente la vida de los candidatos antes de que puedan ser elevados a posiciones de liderazgo.

Hechos 6 nos presenta a un grupo que muchos creen fueron los primeros diáconos. Aunque a estos hombres nunca se les llama específicamente diáconos, constituyen ciertamente un modelo apropiado para los diáconos. Parece ser que algún tiempo después de esto el ministerio del diácono fue reconocido oficialmente en la iglesia.

En los primeros días de la iglesia, los apóstoles dirigieron la iglesia de Jerusalén. Al final se vieron en la necesidad de delegar algunas de sus responsabilidades a otros hombres cristianos espiritualmente maduros. Eso les permitió a ellos concentrarse en la oración y en la enseñanza (v. 4).

El versículo 1 dice: “En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria”. Una de las responsabilidades de la iglesia era cuidar de las viudas necesitadas. Surgió el descontento porque los cristianos griegos pensaban que la mayor parte de las provisiones diarias las recibían las viudas judías.

Por tanto: “Los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas” (v. 2). En otras palabras: “Nosotros debemos concentrarnos en el estudio y la comunicación de la Palabra de Dios. Tal como van las cosas ahora, tenemos que dedicarnos a servir comidas y a correr de aquí para allá, en consecuencia, descuidamos la Palabra de Dios”. Ellos entendieron perfectamente cuáles eran sus prioridades.

Los apóstoles entonces dijeron: “Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo”. Estos hombres quedaron responsabilizados del manejo de diversas ayudas a las personas en necesidad.

Hechos 6:3 nos da algunas de las cualidades básicas que se buscaban en esos hombres: “Varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría”. Eso coincide muy bien con los requisitos específicos para los diáconos que encontramos en 1 Timoteo 3:8-9: “Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias desde la fe” es que Dios se hizo hombre en Cristo Jesús (1 Ti. 3:16). Por tanto: “que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia” significa que vivan a la manera de Cristo.

Pablo dice, además, que “éstos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles…Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus casa. Porque los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús” (vv. 10, 12-13).

Extraído del libro, “El plan del Señor para la iglesia” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.


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Publicado originalmente aquí.

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